“El Alma en Llagas”
Presentació
26 de juliol 2008
A los aquí presentes en cuerpo
y carne:
Padre… madre, tieta… hijo
Gedeó… madre de mis hijos.
Hermanos y hermanas… sobrinos…cuñadas
y cuñados.
Amigos íntimos y no tan íntimos… compañeros
y vecinos… amigos de amigos
y…desconocidos ahora… ya
conocidos.
A los aquí presentes en espíritu
y alma. Isaac… va por ti hijo.
Indudable es, ver expandirse el corazón
cuando uno se siente rodeado de toda
la gente a la que quiere, y como suele
pasar en tales ocasiones; cuanto uno
más se infla, tanto menos siente
que está tocando de pies al
suelo.
Alguien muy sátiro dijo: “Solo
hay algo más aburrido que una
madre comentando las monerías
de su niña; un escritor hablando
de su propio libro”. Nada más
lejos de mis intenciones el aburríos
con las monerías que pudiera
tener este libro, pero si he de reconocer
que en este pensamiento se encuentran
semejanzas, de hijo a libro y de libro
a hijo.
Siempre dije que una de las cosas que
más envidiaba de no ser mujer,
es no poder experimentar la sensación
de sentir como dentro de ti crece un
ser. Es algo a lo que todos los hombres
no podremos llegar a aspirar jamás,
pero os puedo asegurar que escribir,
(y los que ya lo habéis hecho
podréis saber de qué os
hablo), es generar dentro de sí una
vida propia, esperando el día
de su nacimiento con la ilusión
que una madre pone en tal acontecimiento
de su vida.
Uno de los días más felices
de mi vida, hace unos 20 años,
fue cuando yo mismo sujetaba con mi
mano la cabeza de mis ambos hijos con
el cuerpo aun dentro de su madre, (y
los que sois padres y habéis
estado en el parto también sabréis
de qué os hablo) así que
entre escritores y padres anda el pensamiento
de esta noche.
He gestado durante dos intensos años
esta criatura, que en este mismo instante
nace y os puedo asegurar que he percibido
en muchos de vosotros los cuidados
que una madre primeriza precisa. He
sentido en mi embarazo, inmensidad
de momentos de conexión extrema,
aún cuando tan solo, no era
más que un embrión. Náuseas,
vómitos, cambios de humor, dolores
varios, a pesar de ello, seguía
gestando en mi interior al igual que
el inconmovible curso de la vida, alimentándole
con mi alma, mis sentimientos y mi
amor, a través de ese cordón
umbilical entre ambos que...no es más,
observar a la propia vida y nutrirle
de cuanto cada día nos acontece.
Algunos habéis puesto vuestro
oído en mi alma para escuchar
como palpitaba la criaturita, otros
habéis leído las ecografías
mes tras mes, para ir observando su
formación y los más interesados
habéis hecho incisiones de ginecólogo
hasta llegar a palpar con vuestras
almas a este ser, pero lo importante
de todo ello es que os encontréis
todos juntos en esta sala parturienta
para verle la cara y leer en sus ojos
cuanta pasión se encuentra en
su alma, cuanta intriga en sus coyunturas,
cuanta densidad en sus carnes y cuanta
sangre de libertad corre por sus venas.
Ignoro a día de hoy si plantar
un árbol, escribir un libro
y tener un hijo es lo más importante
que todo hombre ha de hacer antes de
acabar sus días en este mundo,
pero si de algo puedo estar seguro
es: que en estos tres casos se halla
el misterio de la vida, porque a un árbol,
a un libro y a un hijo, le trasmites
al engendrarlo trayéndolo al
mundo… algo de tu propia vida.
No estoy seguro de cual será el
crecimiento de este nuevo ser que acaba
de ver la luz, desconozco también
cuales serán los lugares que
frecuentar, o si apenas caer tan solo
en el olvido, pero de lo que sí estoy
seguro es que si en su caminar siente
el cariño, el afecto y la dedicación
que muchos de vosotros le habéis
brindado, será un ser muy…muy...
pero que muy querido.
Desearía dejar un pensamiento
con todos vosotros, el cual concentra
uno de los 4 finales de esta novela:
Los libros de algunos autores, pasan
de mano en mano. Los pensamientos que
emergen de nuestras cabezas lo hacen
de mente en mente. Las palabras van
de boca en boca. Las herencias de nuestros
cuerpos de acto en acto sexual, pero… solo… solo
el verdadero amor se trasmite de corazón
en corazón y permanece vivo.
Plantad un árbol, escribid
un libro, tened hijos… sí;
pero amar… amarlos con todo
vuestro corazón, para que los
tres puedan nutrirse de la verdadera
savia que solo se halla… en
la efectiva esencia del amor, de aquel
que dicen que no tiene cura, pero al
que lo sufre os garantizo… que
se lo cura todo.
Lançelot.
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